Informe: impacto de la guerra en el campo español (spoiler: enorme)
Cómo te va a afectar a ti
Resumen ejecutivo
El estallido del conflicto armado contra Irán el 28 de febrero de 2026 —tras los ataques lanzados por EE. UU. e Israel— ha generado una cadena de perturbaciones energéticas, logísticas y de mercado que golpean al sector primario español de forma indirecta pero con intensidad creciente. El impacto no proviene del comercio bilateral con Irán, que es marginal, sino del efecto sistémico que el bloqueo del Estrecho de Ormuz tiene sobre los precios mundiales de la energía, los fertilizantes y las materias primas agrícolas. Las primeras estimaciones de las organizaciones agrarias cuantifican el sobrecoste acumulado para el campo español en una horquilla de entre 41 y 99 millones de euros en apenas tres semanas desde el inicio del conflicto, lo que equivale a un gasto extra de entre 2,4 y 5,8 millones de euros diarios.
El detonante geopolítico: Ormuz y la espiral energética
El Estrecho de Ormuz es el cuello de botella energético más crítico del mundo: por él transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial y una proporción equivalente de gas natural licuado. Cuando las operaciones militares de finales de febrero provocaron el cierre casi total del tráfico marítimo en el Estrecho, el precio del barril de Brent escaló desde menos de 70 dólares el 27 de febrero hasta un máximo próximo a los 120 dólares, estabilizándose posteriormente en torno a los 90 dólares. España, aunque solo importa directamente por Ormuz el 5% de su petróleo y el 2% de su gas, no está inmunizada: el encarecimiento global de las materias primas impacta en sus precios de adquisición a través de los mercados internacionales.
El Índice de Precios al Consumo español se situaba en el 2,3% en febrero de 2026 antes del conflicto. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, reconoció que, desde el inicio de la guerra, el precio de la gasolina había subido un 16%, el del gasóleo un 28% y el de los fertilizantes entre un 40% y un 50%. Las previsiones de Funcas sitúan el IPC en el 3,6% en marzo y en torno al 4% o superior en los meses posteriores si el conflicto se enquista, mientras que la OCDE ha revisado al alza la inflación española para 2026 hasta el 3%.
Costes de producción: el impacto más inmediato
Gasóleo agrícola
El encarecimiento del combustible es el primer frente de presión sobre los agricultores. El gasóleo agrícola pasó de una media de 0,85-0,96 euros por litro a situarse entre 1,20 y 1,30 euros, un incremento del 35-41% en apenas días. ASAJA calcula que esta subida representa un sobrecoste semanal de 19 millones de euros para el conjunto del sector, equivalente a 2,7 millones de euros diarios. El sector primario español consume anualmente 2.000 millones de litros de gasóleo agrícola, lo que magnifica cualquier variación de precio en un impacto estructural sobre los márgenes.
El contexto temporal agrava la situación: el conflicto estalló en la salida del invierno, que coincide con el pico de consumo de combustible para la siembra de los cultivos de primavera y el laboreo intensivo. Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura, las regiones con mayor superficie de secano, son las más expuestas.
Fertilizantes nitrogenados
El segundo gran frente es el de los fertilizantes. El gas natural representa el 70-80% del coste variable de una planta de amoniaco, y el proceso Haber-Bosch —que sintetiza los fertilizantes nitrogenados— requiere el gas tanto como fuente de energía como materia prima. Cualquier perturbación en el suministro de GNL desde Qatar se traslada directamente al coste de producción de la urea y demás nitrogenados.
Los fertilizantes han subido en torno al 25% en términos generales; la urea —el producto más usado para la cobertera— ha pasado de 500 a 600 euros por tonelada, una subida del 20-30%. ASAJA estima que el sobrecoste para el sector derivado únicamente del encarecimiento de los fertilizantes supera los 22 millones de euros semanales, es decir, 3,1 millones diarios. El sector primario español consume anualmente 1,9 millones de toneladas de fertilizantes nitrogenados.
La situación es particularmente crítica porque el conflicto coincide con la campaña de abonado de cobertera, el periodo de máxima demanda de fertilizantes del año agrícola, especialmente en el cereal. Conviene matizar, no obstante, que el abastecimiento físico de fertilizantes parece garantizado a corto plazo: los principales proveedores de urea para España son Argelia y Marruecos, y tanto la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANFFE) como la Asociación Comercial Española de Fertilizantes (ACEFER) confirman que no hay desabastecimiento. El problema es exclusivamente de precio.
Impacto por subsectores
Cereales y oleaginosas
El sector cerealista es el más expuesto del conjunto del sector primario español. Su combinación de alta dependencia de fertilizantes nitrogenados para la cobertera y elevado consumo de gasóleo para la maquinaria de laboreo lo sitúan en el epicentro del shock de costes. A ello se suma el alza de los precios de la soja en los mercados internacionales —entre 30 y 40 dólares por tonelada en apenas semanas—, que encarece los piensos y genera presión adicional sobre los ganaderos.
Citricultura
Los cítricos han registrado un incremento de costes de alrededor del 12%, impulsado principalmente por el encarecimiento del gasóleo para la maquinaria de recolección y el transporte frigorífico. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja) cifra en torno a cuatro millones de euros semanales el sobrecoste que asume el sector primario valenciano, en el que la citricultura tiene un peso determinante.
Horticultura intensiva
La horticultura intensiva —con epicentro en Almería y Murcia— acusa el impacto a través de su alta dependencia energética para los sistemas de riego, la climatización de los invernaderos y la fabricación de los plásticos utilizados en los encames y cubiertas. El gas es la materia prima esencial para los fertilizantes nitrogenados que se aplican en Almería y Murcia, dos de las zonas hortícolas de mayor rendimiento de Europa.
Olivar y aceite de oliva
El olivar andaluz afronta una doble presión: el encarecimiento del gasóleo para las labores de campo y de la recolección mecanizada, más el sobrecoste del transporte marítimo para un producto cuya comercialización es cada vez más internacional. Economistas especializados alertan de que, si el aumento de costes se traslada al precio final del aceite de oliva —ya de por sí elevado tras las sucesivas cosechas deficitarias—, el consumidor podría migrar hacia aceites sustitutivos.
Sector pesquero
La flota pesquera española ha sido uno de los subsectores más gravemente afectados. El combustible representa aproximadamente el 40% de los costes totales de una embarcación, y la subida del gasóleo profesional del 31% en la primera semana del conflicto —con algunos armadores registrando alzas superiores al 75%, pasando de 0,533 a más de 1 euro por litro— ha situado a decenas de barcos al límite o por encima del umbral de rentabilidad (fijado en 0,80 euros/litro). Tanto Cepesca como la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores alertan de que decenas de embarcaciones han optado por no faenar, con el consiguiente riesgo para el empleo en las comunidades costeras y el abastecimiento de proteína animal.
Ganadería
La ganadería está expuesta a una tormenta perfecta de cuatro vectores: el encarecimiento del pienso (materias primas cotizando al alza, fletes marítimos en máximos), el mayor coste del combustible para el transporte de animales y productos, el incremento energético de las instalaciones y la volatilidad en el precio de los cereales. AGAFAC (Galicia) advierte de que el efecto final, si el conflicto persiste, será una elevación de precios en la producción ganadera: leche, huevos y carne.
Comercio exterior agroalimentario: exposición directa limitada
En términos de exportaciones directas, la exposición del sector agroalimentario español al Golfo Pérsico y a Oriente Medio es relativamente contenida. La exportación hortofrutícola española a los países del Golfo (Arabia Saudí, EAU, Kuwait, Bahréin, Omán, Qatar) ascendió en 2025 a 38.715 toneladas y 69 millones de euros, el 0,3% del total exportado. En términos más amplios, las exportaciones agroalimentarias españolas a toda la región de Oriente Medio (12 países) sumaron 1.215 millones de euros en 2025, el 2% del total, con Arabia Saudí como principal comprador (553 millones).
El principal impacto comercial directo hasta la fecha se concentra en la alfalfa: las exportaciones de este forraje hacia los países del Golfo —utilizado para alimentar caballos y camellos— han quedado temporalmente paralizadas por la alteración de las rutas marítimas y las operaciones portuarias. Se trata de un mercado especializado pero de alto valor para los productores de Castilla-La Mancha y Aragón. También el aceite de oliva y la aceituna de mesa ven amenazadas sus cadenas de exportación por el encarecimiento del transporte marítimo y el bloqueo logístico.
La oportunidad del pistacho español
El reverso positivo del conflicto aparece en el mercado del pistacho. Irán es el segundo mayor productor mundial, con unas 225.000 toneladas en la campaña 2024/25 y una tasa de exportación del 94% de su producción (unas 212.000 toneladas). La paralización de sus exportaciones genera un vacío de oferta en el mercado europeo, que demanda entre 150.000 y 200.000 toneladas anuales.
España, con una producción actual de entre 6.000 y 8.000 toneladas pero con plantaciones jóvenes en expansión —las previsiones de Víridi Horizons apuntan a una producción de entre 16.000 y 20.000 toneladas en 2026—, tiene una ventana de oportunidad para consolidar un posicionamiento diferencial basado en la calidad organoléptica, la trazabilidad y los estándares regulatorios europeos. Las exportaciones de pistacho español marcaron un récord de 29,07 millones de euros en 2025, con Italia como principal destino.
Respuesta institucional: el paquete de 877 millones
Ante el shock de costes, el Gobierno español aprobó a mediados de marzo un paquete de medidas extraordinarias dotado con 877 millones de euros destinados al sector primario:
Ayuda al gasóleo agrícola: 20 céntimos por litro, con un presupuesto de 52 millones de euros y vigencia hasta el 30 de junio, aplicada automáticamente sin trámites adicionales a través de la devolución del impuesto especial sobre hidrocarburos.
Ayuda a fertilizantes: una bonificación equivalente para la adquisición de abonos.
Línea ICO-MAPA-SAECA: ampliación de 300 millones de euros (225 millones para subvencionar el principal y 75 millones para avales) destinada a garantizar la liquidez de las explotaciones.
Apoyo a la flota pesquera: activación del Fondo Europeo Marítimo de Pesca y Acuicultura (FEMPA) como mecanismo de compensación de costes energéticos extraordinarios.
La valoración del sector es mixta. UPA considera que las medidas “van en la buena dirección”; COAG las califica de “necesarias pero insuficientes” si la situación se prolonga más de 15-30 días; ASAJA se reserva el juicio hasta conocer el contenido por escrito, y Cooperativas Agroalimentarias de España advierte de que los precios preestablecidos impiden trasladar el sobrecoste al cliente. Los apicultores (unas 36.000 familias) denuncian haber quedado excluidos de la cobertura.
Variables determinantes y escenarios
La magnitud final del daño depende de tres factores críticos:
La OCDE asume en su escenario base que los precios del petróleo, gas y fertilizantes comenzarán a moderarse gradualmente desde mediados de 2026, aunque advierte que una prolongación del conflicto incrementaría considerablemente los costes empresariales y reduciría el crecimiento. Funcas prevé, en el escenario de conflicto de tres meses, una inflación superior al 3% hasta verano y moderación hacia el 2,5% a finales de año.
Conclusión: vulnerabilidad estructural y gestión de la incertidumbre
El sector primario español no enfrenta un riesgo de desabastecimiento a corto plazo —las reservas estratégicas de hidrocarburos cubren 90 días y el suministro de fertilizantes está garantizado—, pero sí una presión sostenida sobre los márgenes en un momento de máxima sensibilidad del calendario agrario. La coincidencia del conflicto con la campaña de cobertera, la siembra de primavera y los picos de consumo energético en el sector pesquero configura el escenario de mayor vulnerabilidad posible.
El impacto seguirá siendo predominantemente indirecto —a través del precio de la energía y los insumos—, pero los efectos de segunda ronda sobre la inflación alimentaria afectarán a productores y consumidores por igual. La duración del conflicto es, por tanto, el factor más determinante: un cierre temprano permitiría absorber los sobrecostes ya acumulados (superiores a los 100 millones de euros); una prolongación estructural amenazaría la viabilidad económica de explotaciones intensivas, segmentos pesqueros y cooperativas que operan con márgenes reducidos y precios preestablecidos en cadena.



